A mi vecino, el típico tarado que pone música máquina a decibelios prácticamente insoportables para el oído humano, ahora le ha dado por escuchar a Beethoven.
¿Habrá sido obra de la junta de vecinos?
¿Habrá escuchado hablar del increíble arte de la diversificación?
¿o seré yo, que tras horas de reflexiones delante de los apuntes de Próximo Oriente, he perdido el oremus y oigo voces?
A medida que avanza el curso mis expectativas sobre las notas descienden en picado.
29 de enero de 2010
11.00 a. m. Clase de Historia de América. "Me encanta esta asignatura... yo creo que si me pongo podría sacar matrícula..."
07 de junio de 2010
5.54 a. m. (3 horas antes del examen) "Quizá, con un poco de suerte, si esta mujer es benévola y saca las independencias.... apruebo."
Comienzo a concienciarme de aquello que me comentó una vez Pablo, la única matrícula que tendrás en la carrera será aquella que haces a principio de curso.
Últimamente todos mis días son iguales. Me levanto, me visto corriendo, cojo el coche y me largo a la biblioteca. Almuerzo a las once. Como a las dos. Meriendo a las seis. Según lo inspirada que esté mi hora de vuelta puede ser las nueve o nueve y media. Pero como soy una rajada a las ocho y media la mayoría de veces ya estoy de nuevo dentro del coche haciendo camino para casa. Me tiro tres horas aparcando en la maldita plaza de garaje. Ceno. Me conecto. Leo un rato o veo las Chicas Gilmore y me meto en la cama.
Suena fatal, lo sé, y lo sería si no fuera por los pequeños momentos, que últimamente aparecen de forma intermitente. Quizá porque resplandezcan de sobremanera al lado de la oscuridad medieval que contienen mis apuntes.
Chocarte con un tío bueno en la puerta del baño. Conversaciones existenciales. Conversaciones no tan existenciales. Hablar sobre tipos gordos. Hablar sobre tipos MUY gordos. Largarnos de repente y sin previo aviso a comer por ahí. Que te dediquen alguna media sonrisa. Largarnos de repente y sin previo aviso al Grao. Descubrir una buena serie. Leer algo que me haga pensar en todas esas cosas que he hecho. Planear viajes. Planear días. Música. Música. Y más música. Abrir el armario de la cocina y encontrar en un rincón un paquete de oreos. Conducir.
Glee, que es la serie que he descubierto, ha contribuido a ensanchar mi sonrisa. A ver si os gusta.
En fin, con esto y un bizcocho dejo constancia de mi primera semana de exámenes universitaria. Aún quedan otras dos, deseadme suerte. ¡Buenas noches!